I. No ver, no oír, no tocar: los usos del cuerpo
I. Visita guiada
2. Conversando con las manos (p. 13)
Fíjate en tus manos. Hoy vamos a trabajar sus posibilidades
de expresión. Las manos nos permiten tres posibilidades de gestos:
Indicación: gestos que habitualmente hacemos
en la vida cotidiana para designar, señalar, poseer, marcar... indicando
cercanía, distancia, velocidad, tiempo..., o también mandando
silencio: dedo sobre los labios; locura: dedo sobre la sien; sinceridad: mano
en el pecho, o sorpresa: mano en la frente, etc.
Descripción: con nuestras manos transmitimos
a otros cómo son determinados objetos, pequeños con los dedos,
grandes y amplificamos su tamaño con la ayuda de los brazos; describimos
posturas, figuras, volúmenes... etc.
Acción: también las utilizamos para indicar
estados de ánimo: indiferencia, emoción, cólera, temor,
timidez, amor, aprecio, solidaridad, enervamiento, nerviosismo...
Juega y diviértete: comenzaremos por parejas.
Uno se pone a gesticular con las manos intentando contarle al otro una "historia"
ayudándose de los dedos, la palma de las manos, pero sólo con
las manos, como en miniatura. Está rigurosamente prohibido que utilices
palabras. Sólo con las manos. El compañero, el que hace pareja
contigo, observa y va interpretando, va "leyendo" en voz alta cada uno de los
mensajes que le envías con las manos: tus historias. El que actúa
ha de intentar que sus mensajes se entiendan en lo fundamental. Si no fuera
así tampoco es grave, pues lo que el intérprete va diciendo puede
llegar a servir para que el actor tenga "una nueva línea a seguir" sugiriéndole
por dónde continuar y hasta modificar su historia inicial.
Sigue la consigna: la tentación de utilizar sonido,
de gesticular con el rostro, de "meter" todo el cuerpo por parte del actor para
hacerse entender mejor... está prohibida. Es la regla del juego. Si tu
compañero va "acertando" o aproximándose a lo que haces con las
manos, házselo saber con un simple movimiento de cabeza, como cuando
dices "frío, frío" o "caliente, caliente". Máxima creatividad,
máxima dificultad. Adelante.
Cambio de papeles. El actor de antes ahora observa e
interpreta, y a la inversa.
Puesta en común: Aunque al principio creas
que lo importante sólo es realizar los ejercicios, paulatinamente comprobarás
la importancia de verbalizar lo sucedido y enfrentar la dificultad de pasar
de un lenguaje de relación —corporal— a un lenguaje de palabras. Comienza
por hacer una valoración del trabajo de tu compañero. ¡Ojo!...
no te excedas en tus críticas porque luego él hablará del
tuyo. ¿Entendiste algo, poco, mucho, todo o nada de lo que te contaba con las
manos? ¿Es suya la dificultad o tuya? ¿Ayudan las manos a entender "cosas" de
los otros? ¿Cómo son sus manos, ahora que las tuviste tan cerca? ¿Cómo
definirías la interacción o relación que entre vosotros
se ha dado, utilizando tan solo una palabra?
Segunda fase: idéntica situación que antes:
de frente, sentados por parejas, iniciamos una conversación con las manos,
sólo con las manos... ni antebrazos, ni brazos. Prohibido tocar nada
que no sean las manos, sus palmas, los dedos, las uñas, o las muñecas...
¡pero en esta ocasión nadie habla! Ojos abiertos, sin olvidar que se
trata de establecer una conversación entre manos... con todo su ceremonial
de presentación, de "tacto", de "interrogaciones"... Eso sí, completamente
en silencio. Olvida las risas "nerviosas" pues tienen mucho que ver con el hecho
de que os estéis mirando.
Tercera fase: cambiamos de pareja. Pero, ahora... ¡Ambos
cerráis los ojos! Tenéis que confiar en el otro y descubrir "cosas"
paso a paso, pero sin ayudaros de la vista. Recuerda que el profesor solamente
va a intervenir para hacer que se cumpla la regla del juego: insistir en que
ninguna de las parejas abra los ojos. Imprescindible ojos cerrados, silencio
y máxima concentración.
Sugerencias: mantener una conversación con las
manos exige algunos criterios como son los de "presentación", "reconocimiento",
"invención", "creatividad", "no repetición", no intentar monopolizar
la conversación y sobre todo "tacto".
Cuarta fase: en grupos de cuatro o cinco, sin hablar
y con los ojos cerrados. La conversación la comenzamos siempre teniendo
las manos en nuestro "territorio". No nos preocupemos, ya nos encontrará
alguien o ya encontraremos a alguien.
Escribe en tu Cuaderno: has de resumir con una sola
palabra el tono de la "conversación" y a tu compañero. Haz lo
mismo en la conversación a cuatro.
Puesta en común: ¿Te has fijado cómo
el sentido de la vista favorecía o dificultaba la comunicación?
¿En qué casos la favorecía? ¿En cuáles la dificultaba?
¿Quién "mandaba" en la conversación? ¿Siempre era el mismo? ¿Ha
habido "presentaciones", "reconocimientos"? Resume con una palabra el tono de
la conversación y el tono de la otra persona. ¿A qué jugaba? ¿A
qué jugabas? ¿Te han seguido el juego? ¿Repetimos?
Ahora comentamos las dificultades: ¿a quién creo haber
sentido distante o excluido? ¿En qué momento me he sentido muy bien?
¿Cuándo me he sentido "perdido", "fuera" o "rechazado"? ¿Qué diferencias
y semejanzas observas entre una conversación hablada y esta "conversación"?
¿Crees que es posible en una situación como la vivida no comunicarse?
¿Por qué?
Lee y diviértete: este es un texto de 1820. En
él el escritor Sydney Smith nos enumera las múltiples posibilidades
que existían en su época —siglo XIX— de dar a otro la mano.
"¿Has reparado alguna vez en la forma en que las personas dan
la mano? Hay quienes lo hacen de modo solemne, con el cuerpo firme y exhibiendo
una rápida y breve sacudida cerca del mentón. Hay personas que
ofrecen una mano muerta, es decir, introducen su mano flácida en la palma
de aquel a quien saludan, rehuyendo un auténtico contacto. Existe también
el estilo digital —en el que se tiende un solo dedo— cultivado, sobre todo,
por el alto clero. Hay que citar así mismo el apretón rústico,
en el que la mano se ve asida por un puño de hierro, que le comunica
su pujante salud, su bienintencionado natural y su alejamiento de la metrópoli;
y que da lugar a una fuerte sensación de alivio cuando la mano queda
liberada e ilesa. Otra variedad es el apretón retentivo que, tras iniciarse
con vigor, se detiene como para provocar el aliento, sin soltar no obstante,
a su presa, y se reanuda de improviso con duplicada energía, hasta dejar
al agasajado sin fuerzas en la mano y con serios temores respecto del desenlace.
Ahora bien, el peor de todos los apretones es el pisciforme, en el que se tiende
una palma húmeda, blanda y viscosa que deja un desagradable olor a pescado".
Debate en tu grupo de trabajo: ¿Conoces otras formas
de dar la mano hoy? ¿Cuál puede ser su significado social? ¿Cuáles
podrían ser hoy las normas sociales que más influyen en el sentido
del tacto a la hora de saludarse? ¿Estarías de acuerdo en que "por el
saludo también se conoce a la gente"? ¿Se saluda de la misma manera a
un igual, a un inferior o a un superior? ¿Ves alguna diferencia en el saludo
entre chicas y chicos de vuestra edad? ¿A qué pueden deberse las diferencias
entre saludar a un chico y a una chica? ¿Por qué no practicas lo que
estás hablando en este momento sobre el saludo y el dar la mano?
Manual de Supervivencia
LIBRO DEL PROFESOR
Actividad 2: Conversando con las manos
Objetivos: 1- Disfrutar de un contacto distendido
y reglado con el otro. 2- Sentir la reciprocidad como elemento básico
de la comunicación humana. 3- Experimentar cómo se desarrolla
una comunicación en la que no siempre uno lleva la iniciativa. 4- Aprender
a comunicarnos a través de formas no verbales. 5- Experimentar la interacción.
Generar un clima de confianza a través de la comunicación no verbal
y los ojos cerrados. 6- Verbalizar lo sucedido. 7- Valorar la experiencia. 8-
Experimentar con las manos nuevas posibilidades de comunicación.
Conceptos: 1- Concepto de "regla". 2- Noción de "territorio".
3- Ciclo propio de los actos comunicativos: presentación – reconocimiento
– conversación – pausa – silencio – iniciativa – conducta repetitiva
– saber terminar (despedirse). 4- Noción de "interacción" mediada
por gestos y ademanes.
En este ejercicio es imprescindible una estricta organización:
que los alumnos sigan al pie de la letra las consignas que da el profesor (básicamente
están en el libro) y que intenten disfrutar el tiempo que dure el ejercicio.
Estamos ante el sentido del tacto —vehiculizado por el contacto de las manos—
probablemente el más social de todos los sentidos: por él "sabemos"
—ontogenéticamente— que hay otros, mucho antes que por la vista, y su
resistencia al engaño es mucho mayor que la de cualquier otro sentido
—papel del contacto en los primeros años de vida—. Si notamos que se
resiste, es que se resiste. Si sentimos que nos acepta, es que nos acepta. Interpretamos
las intenciones, las estrategias de proximidad y de distanciamiento con toda
claridad a través del tacto: contacto. Tal vez por eso los humanos —fórmula
de re-conocimiento— se estrechan las manos.
El ejercicio 2 es lúdico: esto quiere decir que
si los alumnos se divierten, tanto mejor será la reflexión posterior.
La concentración es absolutamente necesaria así como el intervencionismo
del profesor para cortar de raíz cualquier transgresión de las
reglas del juego. Mucho más importante que la anterior es esta fase en
que los dos anulan la vista cerrando los ojos. Continuamente hay que recordar
que los que abran los ojos dejaron de jugar pues "rompen el encanto del juego"
y obviamente engañan a su compañero: le "espían".
Sugerencia de calentamiento - iniciación para ejercicio
nº 2. Un buen ejercicio de desinhibición y creatividad puede ser
el de que cada alumno se presente a los otros diciendo su nombre completo, cómo
le gustaría a cada uno que los demás nos llamaran, y hacer con
mímica, fundamentalmente con las manos y en pie, un gesto definitorio
de nuestra personalidad. Una vez hecho el actor "pliega" su gesto característico
como si de una pelota se tratase —amasándola— y la pasa a otro. Así
todos. El profesor puede y debe intervenir tanto para actuar como uno más
del grupo como para sugerir que repitan el gesto, si lo considera necesario.
Al final, preguntamos a cualquiera por el nombre de tal o cual alumno y su gesto
característico. Hecho esto se puede pasar al "¿conversamos con las manos?"
Pistas para el trabajo en el aula.
Hay que saber aprovechar cualquiera de las situaciones que
encuentres en el aula con este ejercicio: el alumno que después de haberle
explicado tres veces en qué consiste el juego y cómo se juega
sigue empeñado en no entenderlo; el que se empeña en hablar o
en abrir los ojos; el que una vez ya ha mantenido tan sólo un primer
contacto con las manos del otro, abre los ojos y dice ¡ya está!... No
te preocupes, pues todos esos alumnos son los que, cuando entren en situación,
más van a disfrutarla. Eso sí: tienes que repetir un montón
de veces que no abran los ojos y que no hablen. No pasa nada, esa es la mejor
ocasión para explicar la noción de regla: ningún juego
puede jugarse sin reglas intersubjetivamente aceptadas y si no las hubiere no
habría juego. Los alumnos asimismo necesitan poder comparar lo que están
haciendo con la comunicación mediada por palabras —digital—. Tampoco
pasa nada, pues ese problema nos da pie a comparar ambos lenguajes:
—Primero, nos reconocemos, nos presentamos, decimos algo a
modo de saludo, desde nuestro propio territorio sin invadir de inmediato el
del otro, y por último nos despedimos.
—Segundo: en cualquier comunicación cotidiana, la iniciativa
de las conversaciones no cae siempre del mismo lado: uno no trata de "mandar"
siempre.
—Tercero, tampoco cuando entablamos una conversación
sabemos ya desde el comienzo de la misma todo lo que va a pasar: siempre hay
algo sorprendente, que no nos esperábamos.
—Cuarto: los silencios o pausas son tomados como normales o
deberían serlo pues significan que los participantes en la interacción
se toman "su tiempo".
—Quinto: preparar a los alumnos —anunciándoselo— a que
lo "vayan dejando", esto es, a que se vayan despidiendo de su/s compañeros.
La forma de despedir una relación es un marcador esencial de la conversación-situación.
Estos cinco movimientos —reconocimiento, compartir la iniciativa,
sorprenderse, dominar las pausas y saber terminar— forman parte de las relaciones
en público o del juego social.
Última pista para el trabajo en el aula: hay
alumnos que juegan a pegarse con las manos o simplemente a repetir mecánicamente
acciones. Lo mejor es continuar y, en la primera parada que realicéis
para valorar y hacer los cambios de parejas o de turno, preguntar entonces con
toda claridad por qué piensan que hay compañeros que siempre repiten
lo mismo mecánicamente, o por qué juegan simplemente a juegos
de pegar y de fuerza —son tres o cuatro—, o por qué no podemos considerar
como interacción al hecho de que "A" pellizque repetitivamente a "B".
Cuando se hayan producido suficientes comunicaciones, los alumnos,
todos, deberán completar las cuestiones de las puestas en común
para utilizarlas como guía de sus intervenciones en el Debate.
Sugerencia de ampliación para ejercicio nº 2.
Este puede ser perfectamente ampliado (nunca sustituido) por
"¿Conversamos con los pies?". Aquí es imprescindible quitarse los zapatos
y ofrece la ventaja sobre el anterior de que en éste sí que estamos
viendo las caras de los que tenemos enfrente. Así el rostro nos delata.
En general, los alumnos son reacios a quitarse los zapatos: probablemente temen
que les huelan los pies. No se debe forzar nunca la situación. Algunos
querrán y otros no. Hay que intentarlo y, por lo menos, que jueguen —sin
pegarse— con los pies del otro.
Textos para el profesor:
El filosofo Habermas en su Teoría de la Comunicación
como base de las ciencias sociales ensaya una reconstrucción conceptual
de los pasos que, desde la interacción mediada por gestos a la interacción
mediada simbólicamente, marcan el umbral de la hominización. Presentamos
algunas definiciones útiles para entender cómo gestos y ademanes
devienen símbolos significantes.

"En la interacción mediada por gestos el ademán
del primer organismo cobra un significado para el segundo organismo que reacciona
a él: esta reacción comportamental es expresión de cómo
interpreta uno el gesto del otro." (Habermas. Teoría de la ación
comunicativa, II, p. 21)
"Cuando en un acto o situación social dada, un individuo
indica a otro mediante un gesto lo que este tiene que hacer, el primer individuo
es consciente del significado de su propio gesto —o sea el significado
de su propio gesto aparece en su propia experiencia— y es consciente
en la medida en que adopta la actitud del segundo individuo hacia su propio
gesto y tiende a responder a él implícitamente de la misma manera
que el segundo individuo responde a él explícitamente. Los gestos
se convierten en símbolos significantes cuando implícitamente
provocan en el individuo que los hace las mismas respuestas que explícitamente
provocan o se supone que provocan en otros individuos —los individuos
a los que están dirigidos." (Mead, citado por Habermas en el mismo
libro, p. 21)
"El proceso de dirigirse a otra persona es también
un proceso de dirigirse a uno mismo y de provocar uno en sí mismo la
reacción que se ha provocado en el otro" (Mead, citado en mismo libro,
p. 25)
Lee y diviértete. Texto complementario del alumno
Tras contestar a la puesta en común del texto, podemos
pedirles que simulen, imiten, formas, para ellos, ridículas de dar la
mano —y digan por qué— y formas que les agradan para expresar ciertos
sentimientos hacia la otra persona. Pueden escoger a dos compañeros;
dirigirse a ellos y darles la mano intentando "comunicar" cosas diferentes en
cada caso. En el primer caso, el que da la mano debe señalar qué
ha intentado transmitir al otro; y el segundo compañero será quien
deberá decir qué ha tratado de transmitirle.
Señalar, por último, que en el debate deben aparecer,
y aparecerán, las sensibles diferencias que hay en la forma de saludarse
entre ellos y ellas, y cómo el androcentrismo, dominante también
en las formas de comunicación, está presente en el saludo: los
varones se dan la mano, las mujeres se besan, y varones y mujeres se dan un
beso.
II. ¡Prohibido tocar el género!
III. Los autores advierten...
11. ¿A qué llamamos instinto materno? (p. 58)
"Hemos atisbado la trascendencia de esas primeras relaciones
personales entabladas entre el niño y la madre. Constituyen el inicio,
la piedra angular, de la socialización humana. Es decir, los comportamientos
aprendidos por el niño en el seno de la interacción con su madre
son el primer y básico eslabón de la cadena que le conducirá
a adquirir la mayor parte de las conductas, los usos y las costumbres, las actitudes
y los valores de la sociedad en que ha nacido, donde vive, en cuyo ámbito
va a desarrollarse y desenvolverse.
Todos hemos oído o leído que «el hombre es un
animal social». Tal expresión pretende señalar un hecho muy complejo
que abarca la universal tendencia del ser humano a acercarse a los demás,
a vincularse afectivamente a otros hombres, su abierta propensión a establecer
relaciones interpersonales en cualquier época de la vida, en definitiva
cuanto encierra el término «sociabilidad». Pues bien, los comportamientos
implicados en estos fenómenos no se dan congénitamente. El hombre
no es un ser social por naturaleza. Es un ser social por aprendizaje. No se
nace vinculado a nadie; los vínculos aparecen a consecuencia de la experiencia,
especialmente de las primeras experiencias. Cuando el hombre no pasa por esta
intimidad propia de la relación madre-hijo —por ejemplo, niños
aislados en orfelinatos—, las conductas sociales dejan mucho que desear. Incluso
se llega al rechazo de los otros. O a ignorarles. O a buscar en otros, figuras
sustitutivas de las que se careció.
Lo cierto es que la relación madre-hijo es el germen
de toda otra relación interpersonal. Por supuesto, cuando hablamos de
la madre no nos referimos exclusivamente a la madre biológica. Cuanto
aquí se detalla es aplicable a la persona que ejerza funciones de crianza
acerca de un niño concreto. Es decir, no cuentan los llamados «lazos
sanguíneos» —por otra parte, inexistentes—, sino la existencia o no de
determinados comportamientos en interacción con los del niño.
Este hecho nos sitúa de lleno ante otra afirmación
esencial para comprender el comportamiento humano: no hay pruebas de la existencia
del instinto materno. Cuando la mujer actúa como madre no está
siguiendo los dictados de ninguna fuerza biológica, instintiva, cobijada
en sus genes. Cuando cría y cuida a su hijo está obrando según
unas pautas de comportamiento que ha aprendido previamente. Recordemos que el
comportamiento humano de cierta complejidad, a diferencia del animal, no está
determinado biológicamente, sino social y culturalmente. La mujer se
comporta ante su hijo como madre en la medida en que, ella también, ha
sufrido su propia socialización; la cual, en parte, le ha llevado a su
repertorio conductual de la maternidad.
¿Cómo sucede tal cosa? La vida entera de la mujer suele
ser el escenario. La infancia de la madre ya aporta las primeras influencias.
La relación con su propia madre le permite aprender muchos comportamientos
específicos. Al adquirir los comportamientos femeninos por obra de la
presión social adquiere también gran parte de las conductas maternas,
puesto que suelen estar entrañablemente unidas al papel femenino. El
mundo cotidiano está lleno de mujeres que cuidan y crían a sus
hijos. Son otros tantos modelos a imitar, especialmente cuando tales prácticas,
de no apartarse de los moldes establecidos culturalmente, son aprobadas y valoradas
positivamente por la colectividad. Conversaciones, lecturas, grabados, escenas
callejeras, ponen continuamente de manifiesto los comportamientos propios de
la maternidad. En nuestro sofisticado mundo, incluso contamos con manuales y
cursillos que «enseñan» a ser madre, a comportarse como tal.
Esta ingente presión social no sólo facilita
la adquisición de los comportamientos correctos que se manifiestan en
la relación madre-hijo; también provoca las motivaciones correspondientes.
Constituye una especie de campaña publicitaria permanente creadora de
la «necesidad del hijo» y de la «necesidad de criarlo». Así pues, se
busca el hijo, se le desea, se le procrea. La madre se siente satisfecha cuando
nace, ante su presencia. El hijo de la madre promedio tiene asegurado el afecto
materno imprescindible para conseguir toda esa estimulación que hemos
situado en el origen de su comportamiento. La sociedad ha suscitado en su madre
el amor por él aun antes de conocerle. ¿Qué no ocurrirá
cuando ya le tenga entre sus brazos?"
(Josep Toro Trallero, El comportamiento humano)
11.1. Josep Toro afirma: "El hombre no es un ser social
por naturaleza. Es un ser social por aprendizaje. No se nace vinculado a nadie;
los vínculos aparecen a consecuencia de la experiencia, especialmente
de las primeras experiencias". Seguramente conoces algunas recreaciones
que el cine y la literatura han realizado de niños no socializados. ¿Cómo
han podido sobrevivir sin la ayuda de otras personas? ¿Cómo reaccionan
en el primer contacto con los seres humanos? ¿Qué medio utilizan para
comunicarse? ¿Qué problemas tienen para integrarse en la vida social?
¿Lo consiguen de un modo satisfactorio?
11.2. ¿Qué conductas dicen los que te rodean que constituyen
el "instinto materno?" Habla con familiares, conocidos, vecinos, buscando a
personas que crean que existen conductas instintivas, no aprendidas, que la
maternidad pone en acción. Intenta establecer un listado de conductas
concretas que definan en qué consiste el "instinto materno". Han de ser
acciones plenamente determinadas, sin ambigüedades, que podamos investigar.
Una vez que tengas tu listado, comprueba lo siguiente respecto
a las acciones definidas:
—¿Qué acciones son propias de la actualidad y no se
pudieron dar en épocas anteriores o prehistóricas? Por ejemplo,
dar el biberón, cambiar los pañales o bañar a la criatura.
—¿Qué actos son específicos de nuestra cultura,
pero cambian en otras? Por ejemplo acunar al bebé cuando llora o cantarle
una nana.
—¿Qué conductas dependen del nivel sociocultural, de
las posibilidades económicas o de las de tiempo libre? Por ejemplo, no
abandonarlos, no dejar que pasen frío o hambre.
11.3. Y, por último, aquellos que defienden la maternidad
como comportamiento instintivo, ¿cómo clasificarían a las mujeres
que no desarrollen las conductas descritas como integrantes del "instinto materno?"
¿Desnaturalizadas? Dicho de otro modo, ¿qué conducta o situación
debería darse para que su afirmación, "existe un instinto materno",
pudiera refutarse (es decir, pudiera demostrarse que no es válida, que
es falsa)?
Manual de Supervivencia
LIBRO DEL PROFESOR
Actividad 11: ¿A qué llamamos instinto materno?
11.1
Objetivo: explicitar la preconcepción que
pueden tener los estudiantes sobre la supervivencia de bebés humanos
no socializados (Tarzán, Mogwil, p.ej.).
Conceptos: niños no socializados, conductas,
habilidades y desarrollo intelectual.
Procedimiento: comentario de un aspecto abordado en
el texto desde contenidos ajenos a las clases o mediante su ampliación.
Pistas para el trabajo en el aula: el texto de Toro
Trallero hace viable la referencia a los niños no socializados:
Algunos estudiantes interesados por el tema pueden estar en
condiciones de acceder a la lectura de Jean Itard, Victor de l’Aveyron,
Alianza Editorial, 1982. Para quienes la lectura del texto sea excesiva, puede
recomendarse el visionado de la película de F. Truffaut, El niño
salvaje, ya que es una excelente puesta en escena del documento de Jean
Itard.
Una síntesis interesante del problema la podemos encontrar
en Giddens, Sociología, Alianza Universidad, 1992, cap.3, pp 94-96.
Los medios de comunicación nos ofrecen, de vez en cuando,
reseñas de la aparición de niños aislados del contacto
humano durante un tiempo con diferentes grados de socialización y de
deficiencias físicas y psíquicas. Nosotros disponemos en la web
de la reproducción de la aparecida en El País, 7/10/99.
Alternativas y sugerencias:
1. La narración de la clínica de un niño
privado de su madre y "cuidado" por una institución hospitalaria
la podemos encontrar en Ashley Montagu, Qué es el hombre, Paidós
estudio, nº 64, 1993, pp. 63-66. Nosotros nos limitamos a transcribir el resumen
que este autor nos proporciona de los rasgos de personalidad que muestran los
niños tratados en instituciones donde el contacto humano es mínimo:
"La labor de Goldfarb y de muchos otros investigadores demostró
en forma concluyente que el niño criado en instituciones se caracteriza
por una personalidad notablemente menos diferenciada que la del que ha sido
criado y amado en su propio hogar. Son acentuadamente más pasivos y apáticos,
quizá como consecuencia de su experiencia rutinizada en grado sumo. Faltan
motivaciones y ambición. El retraso en el lenguaje es grave y persiste
hasta avanzada la adolescencia. Son habituales la conducta agresiva y la inestabilidad
de las reacciones emocionales, y las deficiencias de inhibición constituyen
la regla. Son inquietos, vagos en su conducta, poco reflexivos y carecen de
perseverancia. El medio social empobrecido de la institución, la falta
de una experiencia social dinámica y variada, se reflejan en la incapacidad
del niño institucionalizado para desarrollar significativas relaciones
humanas recíprocas. La carencia de una atención cariñosa,
del afecto y el estímulo de la familia, con sus vínculos humanos
protectores y de apoyo, determina en la experiencia de tales niños una
marcada inseguridad, con la consiguiente hambre de atención y afecto.
En los niños menores la conducta de búsqueda de atención
es particularmente notable y, por lo general, se combina con actos hostiles,
de abierta agresividad. A la larga, el conflicto entre la necesidad de afecto
y la incapacidad para responder a las relaciones humanas normales se resuelve
en una defensa más coherente, el aislamiento emocional, que culmina en
respuestas sociales apáticas y en una pauta de retiro respecto de las
tareas de la vida.
Si bien estos niños pueden mejorar luego de ser adoptados
por una familia, pocas veces se recuperan de los efectos de sus privaciones
prematuras. No resulta difícil reconocer a esas personas en su edad adulta.
Los defectos básicos de la personalidad se encuentran congelados en el
plano de la inmadurez extrema. A los seis años se ha producido ya el
daño que incapacitará al niño institucionalizado para el
resto de su vida".
(pp.67-69)
Destacar el caso clínico descrito en las pp. 63-66 puede
ser interesante, por ilustrativo, para nuestros alumnos. Sin embargo, cabe remarcar
en su presentación al alumnado que el énfasis de Montagu en la
importancia de la madre o de la mujer sustituta no es más que el reflejo
de un prejuicio androcéntrico no cuestionado por el autor (texto original
de 1950-1966): como señala Toro Trallero, madre es cualquier "persona
que ejerza funciones de crianza". Cabe diferenciar a la madre biológica
del rol social. Y parece que A. Montagu no considera la posibilidad (por otro
lado, estadísticamente remota en la época de su redacción)
de que un varón en nuestra cultura pueda mantener "determinados comportamientos
en interacción con los del niño". Recalcar este aspecto resulta
básico para reducir una posible tensión entre lo estudiado y el
texto de Montagu.
11.2-11.3.
Objetivo: mostrar el mecanismo básico del
pensamiento estereotípico.
Conceptos: Prejuicio, estereotipo, tendencia a la
verificación, validez universal, caso contrario, refutación,
excepción.
Procedimiento: encuesta en el entorno próximo,
clasificación de conductas.
Pistas para el trabajo en el aula: Mostrar el funcionamiento
básico del pensamiento estereotípico puede ilustrarse con el famoso
texto de Ferrater Mora:
"Una vez un inglés, que no había salido nunca
de su país, atravesó el Canal de la Mancha. Al bajar del barco
en un puerto francés, vio a una mujer rubia. Pensó: «Mira,
las francesas son rubias». Más adelante, vio a una mujer morena y
pensó: «Mira, una excepción»."
Para ello hemos propuesto el siguiente procedimiento:
- Buscar en el entorno próximo a personas que defiendan la existencia
del "instinto materno" y pedirles que estipulen conductas definidas y concretas
cuya presencia en una mujer permita la supuesta identificación.
- La propuesta de clasificación de las conductas intenta clarificar
el carácter aprendido, cultural, social e histórico de todas
ellas.
- La tendencia a la verificación, o tendencia a asumir todo
caso en contra como excepción que confirme la regla, es el rasgo más
relevante del pensamiento estereotípico. Se trata de un error de razonamiento
que se añade a una generalización indebida (por el escaso número
de casos en los que se basa). No existe posibilidad de falsación. El
estereotipo está blindado contra cualquier caso contrario, de modo
que la regla más básica del método científico
(el experimento que puede refutar la hipótesis defendida) no tiene
aplicación.
Por último, el siguiente texto añade una consideración...
"Los estereotipos nunca son verdaderos, porque no son
producto de un razonamiento riguroso (pues son generalizaciones que no se modifican
con la experiencia y que toman como excepciones aquellos casos que las contradicen)
y porque las personas siempre son diferentes (…). Los estereotipos no serían
malos si únicamente fueran pensamientos: tan sólo serían
una prueba de nuestra ignorancia. Pero el problema es que contribuyen a hacer
desgraciada a la gente que los sufre y a la gente que los tiene. La persona
destinataria de un estereotipo, además de ser juzgada según este
estereotipo, también puede sentirse obligada a adaptarse, o sea, a actuar
no como ella quiere, sino como manda el estereotipo. El aprendizaje tradicional
de la masculinidad y la feminidad es un buen ejemplo de adaptación
al estereotipo"
J. Beltrán, Derechos humanos y ciudadanía,
Almadraba, pp. 11-12. (las negritas son nuestras)
TERCERA UNIDAD
III. Sentir, pensar, hacer la amistad
I- Visita guiada: actividades compartidas
6. Diálogo de escritos (p. 72)
Ya has aprendido muchas cosas acerca de la amistad. Hagamos
un alto en el camino y realicemos un ejercicio de coevaluación.
Estos son los pasos a seguir:
I. Realiza un escrito que recoja todo lo que has aprendido
hasta ahora de la amistad. Una vez finalizado, lo firmas y lo pasas al compañero
que está a tu derecha.
II. Tú también recibirás un escrito: el
de tu compañero de la izquierda. Todos los alumnos deberéis dialogar
con el escrito recibido, haciéndole comentarios y críticas, aportando
sugerencias, valorando la información recogida y las ideas apuntadas.
III. Cuando te devuelvan tu escrito ya evaluado debes volverlo
a reelaborar teniendo en cuenta las aportaciones de tu compañero y las
nuevas ideas que te hayan surgido al leer el escrito que a ti te ha correspondido
evaluar.
IV. Finalmente el profesor podrá recoger algunos de
los escritos y realizar su propia valoración.
Indicaciones para elaborar el escrito. Una buena idea
para ordenar la información es tener en cuenta algunas de las preguntas
de la encuesta inicial y contestarlas de nuevo con lo aprendido hasta ahora.
También puedes reflexionar sobre las actividades que hemos realizado
y que han posibilitado esos aprendizajes. Puedes usar para ello tu Cuaderno
de Ética, te vendrán muy bien los resúmenes y comentarios
realizados después de cada actividad.
Ficha para corregir el escrito del compañero
* Presentación
¿Está ordenado? ¿Hay márgenes? ¿Hay títulos?
¿La letra es legible?
* Expresión escrita
¿Hay comas y puntos? ¿Hay párrafos? ¿Se entiende lo
que dice? ¿Las cosas que se dicen están relacionadas entre sí?
* Contenidos
¿Utiliza todas las ideas aprendidas en clase? Si le faltan
indícalo. ¿Las desarrolla y las explica con claridad? ¿Aporta ideas propias?
¿Cuáles?
* Valoración y Sugerencias
¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Y lo que menos?
¿Qué puedes decirle al compañero para que su escrito mejore?
* Ideas para mejorar el propio escrito
¿Qué cosas interesantes de este escrito podrías
utilizar para mejorar el tuyo?
Manual de Supervivencia
LIBRO DEL PROFESOR
Actividad 6: Diálogo de escritos
Objetivo: Evaluación. Ver la marcha del proceso
de enseñanza aprendizaje.
Procedimiento: Síntesis de lo aprendido, valoración
del escrito de un compañero, recepción de críticas y atención
a las sugerencias para la reelaboración del escrito.
Contenidos: la siguiente tabla representa el punto de
partida (las preconcepciones) y los posibles aprendizajes que se han podido
realizar con las cinco primeras actividades.