La Historia constituye una de las materias clásicas en
los programas de estudio de todos los países que se consideran civilizados.
Para la sociedad, la Historia constituye la memoria de la continuidad con el
pasado, donde podemos encontrar los relatos canónicos de nuestro origen,
nuestra identidad y nuestros aciertos o trágicos errores del pasado, remoto y
reciente. Pero el estudio de la Historia no suele estar acompañado por la
comprensión de la naturaleza del saber histórico, ni siquiera por el
conocimiento del propio pasado de ese oficio de historiar. Nunca estamos
seguros de qué es eso de la Historia. ¿Un conocimiento científico? ¿Un
conjunto de saberes más o menos eruditos? ¿Un discurso lleno de las hazañas
épicas de los grandes personajes del pasado? ¿O un relato de curiosidades
sobre la vida de nuestros antepasados? Invitamos al lector a reflexionar con
nosotros acerca de las peculiaridades, los antecedentes y los contenidos
esenciales de la Historia que nos vemos obligados a estudiar en los centros
educativos y que tal vez nos convenga conocer un poco mejor. Aunque sólo sea
para evitar que nos hagan pasar por saber histórico lo que no es sino relato
interesado.
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