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LOS AUTORES
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Ana-Luisa Ramírez (Valencia 1956). En la
infancia, mi hermana Ana-Luisa y yo solíamos viajar a nuestra especial
ventana del mundo: el escaparate del kiosco de la Sra. Teresa. Era una
ventana ante la que pronunciábamos la fórmula mágica "¡Me lo
pido!" y - como si se tratara de aquel "¡Ábrete
Sésamo!" -, de detrás de los cristales surgían imágenes,
palabras, deseos, frustraciones… que hacían posible cualquier
imposible fugado de las fronteras del escaparate.
De pequeña, a Ana-Luisa la escuela le daba frío, de
modo que - en silencio - se construyó su jungla particular y en ella se
hizo cazadora de palabras. Después se convirtió en maestra para poder
jugar con niños y lenguajes, para viajar entre los renglones de las
fantasías y sus realidades. Desde entonces abre, cierra y entreteje
palabras, las rima, las rema, las rumia… les mira ombligo y espalda y
las cambia como cromos. Vive a la luna de Valencia y, a la luna de
Valencia, tuvo un hijo.
A Ana-Luisa y a mí, además de la fraternidad, nos
unen los textos-tejidos, los espejos, los espacios sin tiempo… y este
libro con palabras e imágenes a estrenar. (Carmen)
Carmen Ramírez (Valencia 1953). De siempre
soñó con las musas, con las arañas (tejedoras) y con las musarañas,
esos ratoncitos capaces de navegar sobre un pétalo de rosa y dormir en
una caja de cerillas.
Carmen emprendió el vuelo a muy temprana edad y
pronto se instaló en la capital de Austria. En Viena se licenció en
Pedagogía del Arte y Arte Textil, allí tuvo tres hijas y allí se
tejió la vida.
Desde pequeña, mi hermana Carmen pescaba imágenes
buceando por el país de Entrelenguas, manejaba colores, papeles,
tijeras, lanas, telas, hilos, agujas… traduciendo la vida al idioma de
la imagen, del objeto y del color. ¿Que había que memorizar lecciones
o poesías?: ¡Dibujitos! ¿Chuletas para un examen?: ¡Dibujitos!
Esto tenía ventajas e inconvenientes: cuando yo
"heredaba" sus libros escolares, me llegaban lleeenos de
dibujitos misteriosos entre las líneas y los márgenes de la lección.
Si por un lado era un fastidio no poder estrenar libros nuevos, por otro
venía muy bien aquella herencia como antídoto contra el aburrimiento
escolar.
En nuestra habitación, alimentábamos un lugar
secreto ideado por Carmen: bajo el tablero superior y los faldones de la
mesa camilla, redondo como el mundo, estaba nuestro museo de musarañas
particulares. Letras, garabatos y dibujos surcando la madera.
Así - también -, es la vida: oculta, secreta y
redonda. (Ana-Luisa)
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